Amusing ourselves to death, de Neil Postman

La traduccion del prologo desde
http://laescrituraenlapared.blogspot.co ... %20Postman:
Hemos estado con el ojo puesto en 1984. Cuando el año llegó y la profecía no se cumplió, los americanos reflexivos cantaron bajito en elogio de sí mismos. Las raíces de la democracia liberal seguían en pie. Dondequiera que el terror se hubiese presentado, nosotros, al menos, no habíamos recibido la visita de las pesadillas orwellianas.
Pero nos habíamos olvidado de que junto a la oscura visión de Orwell había otra que -aún cuando antecede a esta por muy poco y pese a ser un poco menos conocida- es igual de escalofriante: Un Mundo Feliz de Aldous Huxley. Contrariamente a lo que se cree por lo general, incluso entre las personas cultas, Huxley y Orwell no profetizaron lo mismo. Orwell advierte que seremos vencidos por una opresión impuesta desde afuera. Pero en la visión de Huxley no hace falta ningún Gran Hermano para privar a la gente de su autonomía, de su madurez y de su historia. Tal como él lo concebía, la gente llegaría a amar su opresión, a adorar las tecnologías que deshacen sus capacidades de pensar.
Orwell temía a aquellos que prohibirían libros. Huxley temía que no hubiese motivos para prohibir un libro debido a que no habría nadie que quisiera leer uno. Orwell temía a quienes nos irían a privar de información. Huxley temía a aquellos que nos brindarían tanta que terminaríamos reducidos a la pasividad y al egoísmo. Orwell temía que la verdad nos fuera a ser ocultada. Huxley temía que la verdad fuera a hundirse en un mar de irrelevancia. Orwell temía que fuéramos a convertirnos en una cultura cautiva. Huxley temía que nos convirtiésemos en una cultura trivial, preocupados con cosas equivalentes a los feelies (1), el orgy porgy (2) y el centrifugal bumblepuppy (3). Tal como Huxley señalara en Nueva Visita a Un Mundo Feliz (4), los paladines de las libertades civiles y los racionalistas que están siempre alertas para oponerse a la tiranía “perdieron de vista el apetito casi infinito del hombre por las distracciones”. En 1984, agrega Huxley, la gente era controlada mediante la aplicación del dolor. En Un Mundo Feliz, es controlada mediante la aplicación del placer. En breve: Orwell temía que aquello que odiamos fuese a causar nuestra ruina y Huxley temía que nos fuera a arruinar aquello que amamos.
El presente libro trata sobre la posibilidad de que fuera Huxley, y no Orwell, el que estaba en lo cierto.